Por: Redacción Top News
La música argentina despide a una de sus figuras más emblemáticas. Carlos Alberto Solari, conocido popularmente como el ‘Indio’ Solari, murió este viernes a los 77 años en las afueras de Buenos Aires, luego de convivir durante más de una década con la enfermedad de Parkinson. Su partida marca el final de una trayectoria que dejó una huella profunda en varias generaciones de seguidores del rock en español.
Dueño de una voz inconfundible y de una lírica cargada de simbolismo, Solari se convirtió en una referencia cultural para millones de argentinos. Sus composiciones trascendieron el ámbito musical para instalarse en la vida cotidiana del país, apareciendo en consignas populares, murales, banderas de fútbol y expresiones sociales. Entre sus versos más recordados quedaron frases como “Vivir solo cuesta vida” y “El futuro llegó hace rato”, convertidas con el tiempo en verdaderos emblemas de su obra.

Crédito: Ministerio de Cultura de la Nación/ Argentina
Nacido en Paraná en 1949 y criado en la ciudad de La Plata, el artista desarrolló allí los cimientos de una carrera que transformaría la historia del rock argentino. Junto al guitarrista Eduardo “Skay” Beilinson fundó Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota en 1976, agrupación que construyó un camino independiente y alcanzó una convocatoria masiva sin precedentes. Discos como Gulp!, Oktubre, Un baión para el ojo idiota y Luzbelito consolidaron un legado que continúa vigente décadas después de la disolución del grupo.

Imagen: AFP
Tras la separación de Los Redondos en el año 2000, Solari mantuvo intacto su poder de convocatoria al frente de "Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado". Sus conciertos reunieron a cientos de miles de personas en distintos puntos del país y se transformaron en auténticos acontecimientos populares.
Aunque los síntomas del Parkinson lo alejaron gradualmente de los escenarios, continuó participando en proyectos musicales mediante grabaciones y apariciones virtuales. Su último recital presencial tuvo lugar en 2017, en Olavarría, ante una multitud cercana a las 300.000 personas.