Por: Redacción Top News
El olíbano, una resina aromática utilizada desde hace más de seis mil años en rituales religiosos, medicina y perfumería, enfrenta hoy una crisis silenciosa. En 2026, expertos y recolectores coinciden en que la combinación de tala excesiva, cambio climático y un mercado desigual está llevando al límite a los árboles de Boswellia.
En regiones como Somalilandia, Somalia, Etiopía y Sudán, epicentro histórico del olíbano, los bosques se deterioran con rapidez. Recolectores como Salaban Salad Muse, entrevistado por la BBC, depende de estos árboles para subsistir, observan cómo la presión económica obliga a extraer más resina de la que los árboles pueden soportar. La técnica tradicional de sangría, que requería paciencia y moderación, ha sido reemplazada en muchos casos por incisiones intensivas que debilitan a los árboles durante años o los conducen a la muerte.

A esta práctica se suman otros factores críticos: el avance del pastoreo de ganado, las quemas agrícolas, las plagas de insectos perforadores y fenómenos climáticos extremos. Un estudio publicado en Nature en 2019 ya advertía que más del 75 % de las poblaciones de Boswellia papyrifera, la principal fuente de olíbano, carecían de árboles jóvenes, y proyectaba que la producción podría reducirse a la mitad en dos décadas. En 2026, ese escenario comienza a materializarse.
La paradoja del olíbano es que su popularidad global no se traduce en protección para quienes lo producen. Mientras el kilo de resina puede venderse en mercados occidentales por hasta 100 dólares, los recolectores suelen recibir apenas entre 2 y 5 dólares. La falta de regulación, certificaciones internacionales y cadenas de suministro justas incentiva la sobreexplotación y deja a las comunidades locales atrapadas en un ciclo de extracción insostenible.

Aunque existen iniciativas para revertir la situación, como viveros, plantaciones piloto y proyectos de comercio ético, los especialistas advierten que el tiempo es limitado. De no cambiar el rumbo, el aroma que acompañó a faraones, rituales religiosos y prácticas espirituales durante milenios podría comenzar a desaparecer.